El pasado sábado, primero de abril, a las seis de la tarde, la sucursal catalana del PSOE (o la extensión española del PSC) nos organizó, en Cornellá del Llobregat, un acto a mayor gloria de su secretario general y presidente del gobierno de la Nación, don José Luis Rodríguez Zapatero (en adelante ZP), también conocido como el Adolescente en un blog maestro.
El motivo de tal solemnidad era la celebración de dos años de gobiernos socialistas y el llamamiento a los ciudadanos de izquierdas para que acudan alborozados a votar a favor del proyecto de nuevo estatuto para Cataluña en el inevitable referéndum que, sin poderlo evitar, se nos viene encima. Aún así, una ocasión inmejorable para contemplar, en vivo y en directo, el fenómeno ZP, y por allí me dejé caer, pues no voy a negar que le voté el día 14 de marzo de 2004, y hasta celebré su victoria.
El escenario era un polideportivo de tan reciente inauguración que todavía se encontraba aparcada alguna máquina elevadora y la rotulación de los lavabos corría a cargo de improvisados folios con las humildes leyendas
SERVEIS, HOMES i DONES; precaria señalización que no menguó en nada su eficacia cuando, acabado el acto, a las ocho de la tarde, dirigió adecuadamente la descomunal embestida de muchos de los asistentes, señores de madura e incluso avanzada edad. También muchísimas señoras entre el respetable. Jóvenes, minoría, pero nada ínfima.
Lleno total. Cinco mil personas según los organizadores. Aunque no tuve ocasión de interrogar a ningún policía municipal sobre la veracidad de esta cifra, tampoco tengo motivos para ponerla en duda. Casualmente, autocares aparcados en las inmediaciones del centro deportivo. Grupos discordantes: jóvenes (o no tan jóvenes, ahora que lo pienso) protestando por el cierre de Ràdio 4 aunque sin armar escándalo (sabia decisión) y, a la salida, simpatizantes de Ciutadans de Catalunya pidiendo firmas para la
enmienda seis punto uno.
Llegué con un cuarto de hora de retraso, lo que me impidió tomar asiento, y tuve que buscar acomodo y el mejor ángulo posible de visión en la parte más alta del polideportivo. La distancia que me separó de los oradores diluiría el efecto ZP en directo. Pero antes habrá que escuchar y ver (gracias a la gran pantalla que preside el recinto) a los cuatro teloneros: Clos, Manuela de Madre, Montilla y Maragall.
Clos, elegancia y finura patricia, agradece todo a ZP.
Gràcies per l'Estatut, gràcies per la Carta Municipal de Barcelona, gràcies per la pau a Euzkadi. Poco más alcancé a entender, pues me pasé casi toda su intervención buscando el mejor sitio que me permitían las circunstancias y mis congéneres. Algunos de los asistentes ondeaban
senyeres y banderas del PSC, todas ellas de plástico. También una bandera del Barça. Ningún infarto que permitiera al alcalde de Barcelona lucir sus habilidades médicas.
Manuela de Madre arrancó con fuerza ante un auditorio a ella entregado desde su primera palabra. Interrumpida con demasiada frecuencia por aplausos y gritos (femeninos) de
guapa que me hicieron temer lo peor, dedicó una buena parte de su alocución a felicitar a todo socialista que hubiera puesto su zarpa en la elaboración del estatuto. De un entrañable pintoresquismo su guiño a Miquel Iceta,
que si no nos separaran algunas diferencias tendríamos recorrido juntos (en cursiva las palabras ajenas que reproduzco). En fin, una gran decepción para todo aquel que se acerque a este tipo de actos con la esperanza de atrapar un mínimo destello de retórica jüngeriana. He de admitir que cuando pidió aplausos para Alfredo Pérez Rubalcaba me uní a ellos, reconociendo así mi gran respeto por uno de los mejores oradores, junto con Rajoy, de la historia más reciente del parlamentarismo español. Probablemente sean Rubalcaba y Arcadi Espada los únicos que hayan tenido estómago para leerse varias veces enterito el estatuto, esa ventosidad. Sólo por eso... Por cierto, que en el apartado de los ¡vivas!, el dedicado al PSOE sonó una octava más alta que el del PSC. Empiezan a aparecer en el discurso el coco (Rajoy), el hombre del saco (Acebes) y el sacamantecas (Zaplana). Esto está que arde.
Habla Montilla (
Monti, el ambiente es ya de una pegajosa familiaridad).
Guapo, etc. Agradece el apoyo que siempre han encontrado los socialistas en Cornellá (
pues no lo pierdas, guapo, Michaleen Flynn para sus adentros). Que los ciudadanos de izquierdas deben apoyar el estatuto, una de las normas progresistas que ha traído la legislatura de ZP, junto a...muchas más que ni recuerdo y quizá ni vienen al caso. Reproches a los que han antepuesto sus intereses de partido, aunque legítimos, a los intereses de Cataluña. Me froto las manos pensando que estoy asistiendo, en primicia, a la ruptura del tripartito. Una vez más, confundo el deseo con la realidad. Nada más digno de mención, salvo la mareante corrección lingüística de este hombre, un párrafo en castellano, un párrafo en catalán.
El nostre benvolgut president de la Generalitat. Me vuelvo a frotar las manos. Una oportunidad como ésta para recoger en directo una maragallada no se presenta cada día. Decepción. Aunque empieza su discurso citanto mal a Antonio Machado (
Españolito que vienes. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, se come un verso del proverbio o cantar, pero bueno, eso nos puede pasar a todos en un discurso improvisado, no mínimamente escrito o preparado como el que se le supone a nuestra máxima autoridad regional), el president da unas muestras de sorprendente equilibrio mental que alejan de mi conciencia el fantasma de un personaje de la novela
La aventura del tocador de señoras, del gran Eduardo Mendoza. La realidad y la ficción, la naturaleza y el arte, ya se sabe. Referencias a Unamuno y Dionisio Ridruejo, bastantes nombres propios en su discurso, pero ninguna mención a Xavier Rubert de Ventós, sonrojante injusticia histórica que denuncio desde esta tribuna. Hace gala Maragall de una campechanía rural que es muy bien recibida por el público. Sin ningún incidente oratorio digno de ser mencionado acaba una intervención muy aplaudida.
Y por fin tengo la oportunidad de comprobar en directo qué bien funciona el efecto ZP. Con una gran ovación se recibe al presidente del gobierno. Su imponente estatura se puede apreciar incluso desde la lejanía en que me encuentro. Americana ligera y camisa amarilla. El público femenino se desborda, pues ZP, no nos engañemos, es el presidente de las españolas. Constato lo que ya habíamos visto por televisión, que su gesticulación manual es demasiado monótona y con una moderada tendencia al aspaviento. Pero lo que le va a ZP, lo suyo, es la verba. Una entonación suave, nunca llega a ser bronco cuando levanta la voz, que a veces lo hace, y mucho. Homenaje a Ernest Lluch. La paz, por fin, se acerca al País Vasco. La oposición del PP al estatuto no es debida a que éste venga de Cataluña, sino a que son los socialistas sus principales protagonistas. Ni que decir tiene que el grito de
guapo se oiría varias veces a lo largo de su discurso e incluso saldría de una ronca voz masculina;
gracias, musitó nuestro estadista, con esa habilidad para el intercambio de simpatía fruto de su gracia y salero. Me llamó mucho la atención la monotonía del contenido, o es que ha sido ahora cuando me he dado cuenta. Efectivamente, el discurso de ZP es tan monocorde como el del innombrable Ánsar, la diferencia a favor del leonés es una total ausencia de malicia y una verborrea nada hiriente. Por muchos que hayan sido sus errores, propios o inducidos por malas compañías, tengo que agradecer a este hombre una notable disminución en la crispación que ha sufrido este país desde que es presidente del gobierno. De la crispación que nos llega de Moncloa, me refiero, porque esta droga a la que han habituado a la opinión pública española ya la suministran generosamente algún molesto aliado periférico y varios inefables diputados de la oposición.
Con grandes aplausos concluyó una demostración bien diseñada para impresionar a propios y ajenos. Yo me mostré cauto en mis reacciones, porque creo que no es bueno contagiarse de la embriaguez dialéctica propia de estos actos de formación de masas. Horas después, en buena compañía, se puede acceder a ese beatífico estado (el de embriaguez) que tan caro se paga al día siguiente.
Cumpliendo con retraso la promesa dada a SallanWorld, dejo aquí este breve testimonio.